La caseta de feria
Sevilla —aire de luz y luz de aroma—
abre, en abril, como una flor radiante,
su corazón, sonoro y palpitante,
con un batir de alas de paloma.
Por dondequiera la Giralda asoma
—alfil soberbio—, alerta y elegante,
señaladora del divino instante
en que a la tierra el cielo en brazos toma.
Para gozar el mágico momento,
para morir un poco al cotidiano
pesar y realizar la maravilla
de suspender el triste pensamiento,
tener es fuerza el lujo soberano
de una caseta en Feria de Sevilla